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39 Escalones
Escrito por Error Humano   
Miércoles, 11 de Marzo de 2009


Valoración espectadores: 9.00

Valoración de VaDeCine.es: 7,8

39 EscalonesTítulo original: The 39 Steps
Nacionalidad: Reino Unido
Año: 1935 Duración: 86 min.
Dirección: Alfred Hitchcock
Guión: Charles Bennett, Ian Hay (novela: John Buchan)
Fotografía: Bernard Knowles
Música: Hubert Bath, Jack Beaver, Charles Williams
Intérpretes: Robert Donat (Richard Hannay), Madeleine Carroll (Pamela), Lucie Mannheim (Annabella Smith), Godfrey Tearle (Profesor Jordan), Peggy Ashcroft (Margaret), John Laurie (John)
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Habitualmente considerada como obra cumbre de la etapa británica de Alfred Hitchcock, 39 Escalones sí resulta, cuando menos, muy representativa de aquel periodo, pues en este thriller de espionaje ya tienen cabida muchas de las reiteradas influencias y obsesiones de su creador. En ese sentido, podríamos resaltar en el largometraje dos de dichos rasgos: de un lado, su recurrente teoría del 'falso culpable' y, del otro, su teatralidad, visible tanto en la trama como en su inicial ambientación en los escenarios del West End londinense, de los que Hitchcock era, en un principio, asiduo espectador y, más tarde, responsable del salto de las tablas al celuloide de muchas de sus representaciones.

Aficionado desde la infancia, las artes escénicas siempre tuvieron presencia en el cine del británico, dejando su pátina tanto en lo formal como en lo narrativo. Fruto de esta pasión, y símbolo de esta primera etapa de su filmografía, surgiría el concepto o técnica de 'la mejor butaca de la sala', consistente en reservar al espectador de la película la mejor de las perspectivas, reforzando así la sensación de vouyeurismo. Recurso muy en la línea de su firme intención por realizar filmes desde y para la empatía con el público.

 

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Fatiguitas para burlar la censura: la sensualidad de antaño.

Como decíamos, se juega de nuevo con la impotencia del inocente que, por un golpe del destino, se ve mezclado en turbios asuntos, corriendo serio riesgo de convertirse en chivo expiatorio de la intriga. Esta vez será un tipo corriente llamado Richard Hannay quien, tras un altercado en el teatro que le es completamente ajeno, acabe implicado en un secreto de Estado que pondrá en peligro su vida. Aquí, la persecución y huida será lo primordial; el malentendido espionaje solamente la excusa. El papel, interpretado magistralmente por Robert Donat, podría constituirse como precursor del héroe por accidente hitchcockiano: perseguido, encantadoramente sarcástico y, por supuesto, inocente.

Remarcábamos la representatividad de 39 Escalones, y no es para menos, pues también aquí hace acto de presencia la ingeniosa resolución de planos y secuencias habitual del innovador cineasta, de la que muchos realizadores actuales siguen haciendo acopio. Una “modernidad formal” de hace tan sólo 75 años, propia de una visión y sentido de lo cinematográfico innatos e irrepetibles.

Es en este período cuando más se deja ver en Hitchcock la reconocida influencia de Cecil B. De Mille, de quien en aquellos años era confeso admirador. Ejemplo de ello es la relación de la pareja protagonista, con ese elegante tira y afloja que los esposa cuando más se odian. Sin embargo, y como ascendiente no aceptado, aparece también la figura de Fritz Lang, muy presente en iluminación, psique y silbido. Tal vez Hitchcock nunca deseó admitir la comparación por el excesivo parecido. El propio Truffaut se sorprendería, en sus celebradas conversaciones con el genio del suspense, de la falta de memoria respecto a Lang (1).

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Donat juega con los muchachos del pueblo vecino al 'Xtreme Escondite'.

 

En cualquier caso, lejos de este curioso descuido que para nada desmerece la cinta, los 39 Escalones funcionan con entidad propia, sirviendo para ascender hasta una de las cúspides de la carrera británica de Hitchcock. Una de aquéllas que lo catapultaron, por impacto visual y sentido del espectáculo, a la industria americana, donde desarrollaría gran parte de su extensísima filmografía, poseedora de varias obras que, como la que nos ocupa, forman parte imprescindible de la herencia cultural del cine.

 

(1) En el libro “El cine según Hitchcock” (François Truffaut, 1974), el propio Hitchcock vulnera su posición respecto a este tema, cuando al ser preguntado por sus filmes favoritos de la época, nombra Las Tres Luces (Fritz Lang, 1921), recordando perfectamente protagonista y argumento. Sin embargo, afirma no acordarse del director. En el mismo sentido, alude a Peter Lorre silbando, pero no recuerda en qué film. Truffaut queda muy impresionado de que olvide M. El vampiro de Dusseldorf y con ella, de nuevo, postergue a Lang, pues la influencia de éste en sus primeras cintas es más que patente.

 



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